domingo, 27 de junio de 2010

TRES GENIALIDADES UNIDAS POR EL ARTE - PICASSO - DOUGLAS DUNCAN - MERCEDES 300 SL

David Douglas Duncan ,Jacqueline ,y Picasso en el Mercedes 300 SL

El perro Lumf fue un regalo de david douglas duncan a Picasso, aqui le vemos asomado a la puerta del 300 SL

El 300SL ,en la Plaza Roja de Moscú

112 0412 8L Gullwing 1954 Mercedes Benz 300 Sl Coupe Hood

Duncan ,y su inseparable 300 SL

Sin lugar a dudas ,la cesión del 300. a Claude ,tuvo que ser una decision dificil
Claude Picasso , con el 300 SL

TRES GENIALIDADES UNIDAS POR EL ARTE , PABLO RUIZ PICASSO , DAVID DOUGLAS DUNCAN ,Y EL MERCEDES 300 SL
De todos los vehiculos de la coleccion Magalhaes ,que formaran parte del Museo Automovilistico de Malaga ,sin lugar a dudas el Mercedes 300 SL es el que mas vinculación tiene con Malaga , por las vivencias de Pablo Picasso "El malagueño universal" , y su amigo David Douglas Duncan ,propietario de un Mercedes 300 SL ,en el cual David Douglas Duncan y Picasso solian pasear ,y utilizarlo habitualmente ,ya que Duncan y el 300 SL ,eran practicamente inseparable , el cariño que Duncan sentia por su 300 SL ,era algo especial ,seguramente por las satisfacciones y momentos vividos con el , Duncan viendose ya con una edad bastante avanzada ,quiso que ese automovil perdurara ,regalandoselo a Claude Picasso , hijo de Picasso ,sabiendo que cuidaria de el ,como ,el mismo lo hizo durante todos los años que estuvo junto a el .
En el año 2005 el Museo de la Historia de la Locomocion de Salamanca , hizo una muestra temporal ,con la colaboracion de Mercedes Benz Museum ,Bancaja , y la Universidad de Salamanca , desde el dia 3 de marzo ,hasta el 18 de marzo de 2005 ,titulada "Picasso y Douglas Duncan en la fabrica de la luz ,conjugando automovilismo ,pintura y fotografia ,todo ello al mas alto nivel

Picaso y Douglas Duncan, en la Fábrica de la Luz

03 de Marzo de 2005 - 18 de Marzo de 2005

MUSEO HISTORIA AUTOMOCION de SALAMANCA

El Museo de Historia de la Automoción de Salamanca, en colaboración con el Mercedes Benz Museum, la Colección Bancaja y la Universidad de Salamanca, organizó una exposición que bajo el título de “Picasso y Douglas Duncan en la Fábrica de la Luz”, conjugó automovilismo con pintura y fotografía, todo ello al más alto nivel. Esta muestra fue una selección única de elementos, entre los que destaco el automóvil Mercedes Benz 300 SL “Alas de Gaviota” , que perteneció a David Douglas Duncan, y que posteriormente pasó a manos de Claude Picasso, hijo del pintor.La muestra se complementó con diez paneles, con retratos de Pablo Ruiz Picasso, realizados por David Douglas Duncan junto a su 300 SL, montados sobre paneles con iluminación propia y se proyectó un documental sobre la vida y obra de Pablo Ruiz Picasso y David Douglas Duncan.

Por otro lado, las colecciones “FUMADORES” y “RETRATOS DE FAMILIA”, propiedad de la Colección Bancaja, y formada por 17 obras del artista malagueño, acompañaron dicha muestra. ademas la exposición contó con un concierto polifónico de la Agrupación Coral Annuba, y el guitarrista flamenco Jualo Ruiz que se celebró el mismo día de la inauguración. La exposición se clausuró el día 17 de marzo de 2005 con un concierto de música sefardí-andalusí, ofrecido por el grupo “En Babia”.

David Douglas Duncan, el fotoperiodista cuyas imágenes de la Guerra de Corea significaron un profundo cambio en la manera como eran mostrados los conflictos armados, fue también un notable ensayista de temas menos trágicos. Fue, indiscutiblemente, el biógrafo visual del pintor Pablo Ruiz Picasso, de quien realizó alrededor de 50.000 fotografías a partir de 1956 y hasta su muerte, acaecida en 1973. Ahora una selección de 110 instantáneas conforman una exposición que fue expuesta en Viena.

Duncan y Picasso se conocieron en 1956. Fueron presentados por Robert Capa, que conocía a Picasso desde los tiempos de la Guerra Civil. A partir de entonces, el pintor español le abrió las puertas de su intimidad para que Duncan, a través de su Nikon, pudiera construir ese memorable imaginario de su vida y su obra.

“Según relató Duncan —tal como detalla una crónica de la agencia EFE—, la primera vez que vio a Picasso lo encontró en la bañera. Entró en su casa en un pueblo de la Costa Azul francesa y siguió el cable del teléfono hasta el baño, donde le recibió con una sonrisa mientras se frotaba la espalda”.

Uno de los más célebres retratos de Picasso fue el que le realizó Duncan, donde los ojos y la mirada del célebre pintor español aparecen por detrás del dibujo de un búho que está entre una de sus obras más célebres.

Nacido en Kansas en 1916, Douglas Duncan estudió arqueología y zoología marina en la Universidad de Miami, y se inició en fotografía en 1938 precisamente como documentalista en una expedición arqueológica a Chile y Perú.

Fue fotógrafo de combate en la II Guerra Mundial y en 1950 cubrió para Life la Guerra de Corea. Ahí conoció los objetivos Nikon, que eran usados por los fotógrafos japoneses y, sorprendido por su calidad comenzó a usarlos en su Leica IIIc (*). Sus fotografías de Corea están entre las más emblemáticas de la historia, y anuncian una nueva forma de ver la guerra sin el carácter épico y hasta propagandístico que había tenido hasta entonces, incluso en autores de la talla de Robert Capa. Después, en Viet-nam, Duncan asumió una actitud de denuncia hacia los abusos y crímenes de guerra cometidos por las fuerzas estadounidense, publicando en 1968 el libro

“I protest” (Yo protesto) en lo que fue el comienzo de una nueva visión del conflicto en el sudeste asiático.

Pero volvamos a Picasso y Duncan, que es el tema de nuestro artículo. La amistad entre ambos se mantuvo hasta la muerte del pintor y se extendió con su hijo Claude, a quien llegó a obsequiarle uno de sus bienes más preciados, el Mercedes Benz Alas de Gaviota que había comprado precisamente en el mismo año que conoció a Picasso y con el cual llegó a realizar 450.000 kilómetros. El Museo del Automóvil de Salamanca, hace poco le rindió un merecido homenaje con la muestra “Aventuras de una Gaviota” dedicada a ese auto.


El Automóvil

El Alas de Gaviota es uno de los automóviles más legendarios de la historia del automovilismo. Tomó su nombre por la forma futurista de abrir sus puertas, hacia arriba, por lo que semejaba un ave con sus alas extendidas preparándose para iniciar el vuelo o en el instante de posarse.

Es la versión de calle del 300SL de competición que surgió en 1952. Sucedió entonces que el representante en Estados Unidos de la Daimler-Benz, Maximilian E. Hoffman, le pidió a los ejecutivos alemanes que fabricaran un modelo deportivo para satisfacer la demanda de ese tipo de automóvil, dados los éxitos obtenidos por los Mercedes en las pistas de Le Mans, Nürburgring y Berna.

El chasis original era multitubular y por lo tanto impedía que las puertas fueran instaladas de forma tradicional así que su diseñador, Rudolf Uhlenhaut, decidió que habrían de hacerlo hacia arriba.

Así nació el “Flügeltürer” o “Gullwing”, como se lo conoció en los Estados Unidos, una cupé de dos plazas con motor de seis cilindros en línea, de tres litros e inyección directa de combustible que otorgaba 215 HP y que puede alcanzar los 264 km/h. Entre 1954 y 1957 se fabricaron 1.400 unidades (29 de ellas con carrocería de aluminio 80 kilos más liviano y que son los más cotizados), y en dos versiones de diferencial (una con mejor capacidad de aceleración y otra de mayor velocidad final).

El 80% se vendió en los Estados Unidos y el precio era de 29.000 marcos (cuando un Mercedes Benz 170 costaba 7.900 marcos). Hoy, en el mercado de los coleccionistas, su precio se estima entre 350 mil y 500 mil dólares.

El Alas de Gaviota fue un éxito indiscutible y un símbolo de buen gusto y de poder, siendo adquirido por personalidades como Juan Domingo Perón, el Sha de Persia Reza Pahlevi, Alfred Krupp y Juan Manuel Fangio, pero también por actores como Sofía Loren, Zsa Zsa Gabor, Clark Gable, Romy Schneider, Tony Curtis y Glenn Ford.

La cupé de Douglas Duncan

Douglas Duncan había quedado fascinado con el MB 300 SL cuando fue presentado al público en 1954 en el Salón del Automóvil de New York. Fue entonces que la revista Life lo envió para que le hiciera una serie de fotografías en la ciudad de Sindelfingen, próxima a Stuttgart, donde estaba la factoría que lo producía. Duncan decidió convertirlo en una fugaz estela al fotografiarlo con tiempos largos de exposición y, en 1956, pudo concretar su sueño de comprar un ejemplar, que se lo entregaron personalmente en la fábrica.

En 1959 fue enviado a Moscú para hacer una serie de reportajes y decidió viajar en su Mercedes saliendo de la ciudad de París. Se dio el lujo, en plena Guerra Fría y cuando la URSS estaba vedada al turismo occidental (sólo se podía viajar por motivos especiales), de estacionar su auto en la Plaza Roja, frente al Kremlin, y recibir los halagos de miembros del Politburó. Las crónicas consignan que al regresar trajo caviar ruso que compartió con Picasso, quien era el frecuente copiloto que le acompañaba en sus paseos por Niza. Aunque solía acelerarlo a 200 km/h, cuando estaba con él manejaba a muy baja velocidad.

Un puente demasiado lejos

A ese incansable viajero lo enviaron, en 1976, a Holanda para cubrir aquella superproducción que ha pasado a ser un clásico del cine bélico, “A Bridge Too Far” (Un puente demasiado lejos) del director Richard Attenborough que recrea uno de los mayores fracasos de los Aliados en la II Guerra Mundial al querer invadir Holanda en 1944, en la única operación planificada por el mariscal británico Bernard Law Montgomery donde son derrotados en Arheim con numerosas bajas.

El reparto de la película era notable: Dirk Bogarde, James Caan, Michael Caine, Gene Hackman, Laurence Olivier, Robert Redford, Liv Ullmann, Maximilian Schell, Ryan O’Neal, Anthony Hopkins, Elliot Gould y Sean Connery, entre otros. Y ahí estaba Douglas Duncan decidido a no perderse un solo detalle de la trastienda de la filmación (algo que ahora se le dice “backstage” porque es más “fashion”).

Llegó a la ciudad de Haarlem, donde estacionó su Alas de Gaviota, al que le llamada afectuosamente “the black torpedo”, hasta que un día desapareció. El hecho, dada la celebridad de Douglas Duncan, recorrió las páginas de los diarios y de los noticieros televisivos pero, además, a los ladrones no les iba a resultar fácil esconder y después vender un auto tan especial del que se fabricaron muy pocas unidades.

“Tras casi más de un mes, llegaron las primeras buenas nuevas a raíz de una serie de contactos con la mafia —consigna una crónica de MB de España—. Cinco semanas después del robo, y tras pagar una recompensa de 12.000 francos suizos, Duncan recogía su coche en la frontera de Holanda con Bélgica. El SL fue devuelto, limpio y reluciente, con el depósito lleno; incluso la gabardina de Duncan había sido lavada, planchada y colocada cuidadosamente en la repisa posterior”.

Duncan, tras cuarenta años de conducir su ya mítico 300 SL, en 1996, se lo obsequió a Claude Picasso, quien algunas veces suele utilizarlo en carreras de coches antiguos como la “Mille Miglia”.

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